Por esas paradojas del destino, el 22 de noviembre de 1999, a diez años y dos días de La Declaración Universal de los Derechos del Niño, un niño cubano, de seis años, sobreviviente de un naufragio, aferrado a un neumático era rescatado frente a las costas de La Florida. Su madre, quien pereciera en la tragedia, se lo había llevado, abandonado su hogar, en Cárdenas, Matanzas, Cuba. En forma ilegal, sin el consentimiento el padre, pero fundamentalmente, víctima del tráfico de personas a la que fuerzan las leyes norteamericanas, que niegan las visas al cubano que quiera viajar a dicho país, pero que le dan carácter de exiliado político a quien llegue viajando precariamente y en forma totalmente ilegal. Como si el final trágico no fuera suficiente, comenzó a brotar lo peor de la sociedad cubano-americana residente en Miami, convirtiendo a los familiares del niño en verdaderos secuestradores. El reclamo legal del padre y autoridades cubanas por la restitución del niño a Cuba no se hizo esperar. Mucho menos la reacción unánime del Pueblo Cubano, que en constantes y multitudinarias manifestaciones no cesó hasta que Elián regresó a su Patria.
Hoy pasaron veinte años de La Declaración de Naciones Unidas y diez del episodio de Elián.
Muchas palabras hay en los 54 artículos de La Declaración.
Muchas menos en el cartel de La Habana: “Cientos de miles de niños en el mundo duermen en las calles, ninguno de ellos es cubano”.
Elián González, ya es un joven más en Cuba: buen alumno, buen compañero, militante político y sin resabios traumáticos del drama de su infancia.
Los niños cubanos, no solo ninguno duerme en las calles. Son prioridad verdadera en una sociedad con limitaciones económicas, fundamentalmente producto de medio siglo de criminal bloqueo. Sus derechos son una realidad efectiva y no letra muerta de una declaración. Esto es una verdad irrefutable, que cualquiera que visite la Isla puede comprobar.
En nuestro Continente, la situación de la infancia sigue siendo una deuda pendiente. Un estigma difícil de disimular. A pesar de los aires de cambio, y por qué no: de Revolución que muchos países de la región están construyendo.
La contribución de Cuba es fundamental: el Programa de Alfabetización Yo Sí Puedo, La Operación Milagros, el Liderazgo de la Batalla de Ideas.
La derrota del Imperio: una necesidad...
...y la conciencia de los adultos: “es honra de Los Hombres, proteger lo que crece”...
Hoy pasaron veinte años de La Declaración de Naciones Unidas y diez del episodio de Elián.
Muchas palabras hay en los 54 artículos de La Declaración.
Muchas menos en el cartel de La Habana: “Cientos de miles de niños en el mundo duermen en las calles, ninguno de ellos es cubano”.
Elián González, ya es un joven más en Cuba: buen alumno, buen compañero, militante político y sin resabios traumáticos del drama de su infancia.
Los niños cubanos, no solo ninguno duerme en las calles. Son prioridad verdadera en una sociedad con limitaciones económicas, fundamentalmente producto de medio siglo de criminal bloqueo. Sus derechos son una realidad efectiva y no letra muerta de una declaración. Esto es una verdad irrefutable, que cualquiera que visite la Isla puede comprobar.
En nuestro Continente, la situación de la infancia sigue siendo una deuda pendiente. Un estigma difícil de disimular. A pesar de los aires de cambio, y por qué no: de Revolución que muchos países de la región están construyendo.
La contribución de Cuba es fundamental: el Programa de Alfabetización Yo Sí Puedo, La Operación Milagros, el Liderazgo de la Batalla de Ideas.
La derrota del Imperio: una necesidad...
...y la conciencia de los adultos: “es honra de Los Hombres, proteger lo que crece”...






















